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La Coctelera

el país de alicia

el espejo, el conejo y el cangrejo

Categoría: muy mio

25 Enero 2006

a solas frente al espejo

Con los primeros fríos visito el Norte. Hay quien se encarga de perpetuar el cuarto tal cual lo dejé. El espejo de mango frío y pesado se presenta ante mí como se presentaba en las siestas obligadas de verano.

Me escapo de la cama y camino en puntas de pie. Los pisos de tablas son muy ruidosos, pero el motor de la heladera y el turbo de mi tía sin hijos, disimulan mis pasos. Afuera, las chicharras cantan enajenadas. Sus canciones duran lo que la siesta de enero y son monótonas como el ruido del reloj que está en el comedor. No me gustan las chicharras, y tampoco el reloj porque tiene letras en vez de números.

Mi tía sin hijos no me deja caminar descalza porque me puedo clavar una astilla. Me dirijo a la cómoda del cuarto de mi abuela. Ella tiene el pelo largo y bastante blanco. Ahora también está dormida. Con mucho cuidado agarro el espejo redondo de mango pesado y el cepillo blando. Si mi mamá tuviera un cepillo así, yo no chillaría cuando me peina.

Por las persianas se cuela la luz del mediodía. La casa de mi abuela muere cuando todos duermen, como muere el sótano cuando no está mi abuelo. Esta mañana bajamos y mientras él sacaba del ropero la hamaca yo me puse a juntar bichos bolita. Los bichos bolita del sótano son mucho más redondos y oscuros que los del frente de mi casa. Mi abuelo siempre sale a pescar, y hoy me preparó unas mojarritas. A mi me encantan aunque mi tía sin hijos diga siempre que me van a caer mal o que me puedo tragar una espina. Ella y mi abuela siempre lo andan retando al abuelo, pero él se hace el sordo y sigue haciendo lo suyo. Yo nunca probé hacerme la sorda cuando me retan. Tampoco quiero, porque tengo miedo de que me crean, como al abuelo, y me lleven a lo del doctor Luis. El doctor Luis siempre me achata la lengua con un plástico blanco para mirar la garganta. Si me llega a achatar la oreja seguro que me van a dar ganas de llorar.

El espejo de mi abuela es requete antiguo. Me hace acordar al Montevideo Colonial que nos enseñan en el jardín. El año pasado mi hermano se disfrazó de pastelero y llevó pasteles de verdad. Yo quería ir de dama antigua, pero cuando mamá me contó que las damas antiguas no salían mucho de sus casas me pareció más divertido disfrazarme de lavandera. Igual cuando me miro en este espejo me imagino de dama antigua. Todas las amigas de mi tía, dicen que soy la mismísima cara de mi madre. Y yo, por más que me mire y me mire, no la puedo ver a ella.

Pero sí puedo, veinte años después, ver la siesta obligada, el sillón de mimbre, el sótano vivo y a la niña todavía descifrándose a solas.

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Sobre mí

tengo 23 años, me lanzo a este universo desconocido. Atravieso un espejo, subo la escalera y un sapo aparece por la alcantarilla de enfrente. Allí es invierno. ¿Pero aquí?. Aquí estoy terminando de estudiar Ciencias de la Comunicación, en Uruguay. Alicia es mi nombre. Creo este espacio, a tientas en un mar ajeno. Me busco desde hace tiempo, por fin puedo, al menos virtualmente, encontrar un lugar, muy mio porque es de todos.

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